Déjate inspirar

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“Tú ya lo sabes, me gusta poner el nombre de los alumnos en las cosas que hacen. No me voy a llevar yo un reconocimiento de algo que no es mío.”  

“No me gusta, pero puedes convencerme.”

“Yo no sé de esto, pero sí sé lo que me gusta.”

“Gracias.”

“Si te parece bien lo dejamos así.”

“Yo no quiero quitaros vuestra ilusión, me parece bien lo que estáis haciendo, pero hay que darle una vuelta más. No os desaniméis, no quiero que os lo toméis como un no, pero pensadlo de otra manera.”

“Cuando yo llegué aquí esto era triste y gris, tenemos que seguir poniéndole color, no apagándolo.”

Hablemos de la Universidad Pública.

Los que, como yo, hayan tenido el gusto de tratar con esta mujer, habrán adivinado ya de quien hablo. Los que no, me parece que podéis percibir cierto carácter de apertura, la voluntad intrínseca de ir más lejos, el tener en cuenta al otro, la voluntad de mejora. Quería hablar de ella porque es con la que más oportunidad he tenido de tratar y de la que he estado más cerca como para valorar su trabajo. Quiero hablar de ella porque me parece excepcional.

El problema de lo público es que es de todos y no hay incentivo para mejorarlo. En una empresa, si no haces bien tu trabajo, te vas. En muchísimas ocasiones si no mejoras cada día, te vas también. Porque hay que seguir siendo competitivos, hay que seguir vendiendo, porque si alguna pieza del engranaje no funciona podemos caer todos. Lo público sin embargo, ya lo mantenemos, y además, lo necesitamos. Necesitamos la universidad pública para poder estudiar. Exigimos una universidad pública de calidad, pero no nos damos cuenta de que como institución no tiene los mismos incentivos: no se va a quedar sin alumnos.

Hablo de una persona con la que puedes intercambiar emails un miércoles a las 23h, whatsapps un sábado a las 15h. Tú empiezas con un: “perdona las horas”, ella te escribirá después “si son demasiadas cosas, dímelo”. ¿Y de qué hablamos? De la Escuela. Los detalles de este u otro proyecto, las posibilidades de este evento, la aprobación para esta otra cosa, la revisión de este papel. ¿Por qué? Porque se presta, porque te ayuda, porque le gusta, porque te apoya, porque está continuamente mirando hacia delante.

Lo público necesita, por encima de todo, personas con iniciativa, personas que crean. Porque ¿qué van egoístamente a conseguir? Lo público necesita que todos pongamos de nuestra parte para construirlo, porque nosotros necesitamos lo público. No se trata ya de no destrozar, se trata de mejorar, de ser excelente, de hacerlo por otros y nosotros mismos. No es posible estar en igualdad de condiciones con alguien que paga una matrícula 10 veces más cara ¿o sí?

Aquí es donde entra ella y donde merece toda mi admiración y respeto. Podría trabajar aquí o en cualquier otro sitio, que seguiría siendo excepcional. Porque te ve por el pasillo y te comenta lo último, porque cuando te reúnes con ella eres eficaz, solucionas, trabajas. Porque te apoya, porque quiere decirte que sí a todo eso que hace la Escuela mejor, porque quiere participar en ello. Porque te pregunta ¿cómo lo hacemos? te pregunta ¿cuándo? Porque allí donde va, habla de lo suyo, que son los Alumnos y las Relaciones Internacionales, y lo muestra, y lo enseña, y le da valor. Porque te exige que si confía en ti, respondas. Porque ella estará ahí para revisar lo que quieras, para preguntar lo que quieras.

Luchar por cambiar lo público puede ser complicado porque a veces no hay espíritu de mirar hacia delante, y “tampoco sirve para nada”. Porque “si no echan a unos cuantos”, porque “ya tiene prestigio”. Pero los tiempos cambian, y no es cierto.

La Universidad Pública necesita personas como ella. Personas que estén activas, que tengan energía y abran los brazos a la mejora continua, al futuro. Personas que escuchen tus problemas y propuestas, que te ayuden y acaben con un: “estamos contigo, te queremos con nosotros”.

Porque es cierto que no hay dinero, es cierto que el talento se va. Pero no es justo que la calidad de la Educación Pública decaiga, que las oportunidades empeoren. No es moral que nos quejemos de lo mal que está todo y no hagamos nada para mejorarlo. No podemos esperar que los políticos mejoren lo que es de todos, tenemos que mejorarlo cada uno de nosotros.

Hasta ahora he hablado desde la perspectiva del alumno. Pero ella me ha dado la perspectiva de un equipo directivo que también tiene que luchar, que también tiene otros a los que hacer frente y se encuentra a veces el mismo inmovilismo, el mismo rancio que creemos solo ver nosotros. Pero siempre hay un camino alternativo. Hay tantas cosas por las que podemos tirar que no puede frenarnos una.

La Universidad Pública necesita personas como ella porque inspiran y consiguen.

El mundo necesita personas como ella porque te entran ganas de seguir adelante.

Porque con su quehacer diario demuestra que le importa, que tú como alumno, le importas, que como Escuela, importa luchar por ser mejor cada día. Porque en materia de Educación Pública todos somos necesarios. No es justo para los que vienen detrás nuestro que dejemos que decaiga. No podemos pedir calidad si no contribuimos a ella.

Ahora, más que nunca, yo os cuento su historia porque creo que merece la pena. No es que esté todo perdido, es que queda mucho por ganar. Y tú, tengas la edad que tengas: importas.

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