No confíes en la gente, confía en las personas

foto-universidad-little

Algunos de los que me siguen en Facebook recordarán mis quejas el año pasado sobre profesores, metodologías y asignaturas de la Escuela en la que me encuentro. Escribo este post, porque en pocos meses estoy a años luz de esa actitud quejosa improductiva tan típica del estudiante español, que sabe que las cosas están mal, pero “¿Y qué le vamos a hacer? Si no nos van a hacer caso ¿para qué?”

Yo, como ellos, no confío en la gente. No creo que la institución en la que estoy vaya a mejorar nada, no creo que el país vaya a cambiar, no creo que la universidad vaya a mejorar, y no lo creo, porque como digo, no confío en la gente. ¿Qué racionalidad tiene una masa con o sin orden? ¿Qué potestad tiene gritar a un edificio, empuñar carteles y papeles? O mejor dicho ¿a quién llega? ¿quién lo escucha? Gente. Y ahí se queda. Los estudiantes españoles tienen toda la razón del mundo, y la tienen porque no conocen los mecanismos para llegar a las personas.

El año pasado, mi compañera Marta, decidió que era hora de dejar de quejarnos entre nosotras y hacer algo. Escribió una carta nombrando uno por uno todos los problemas de nuestra titulación percibidos por los alumnos, yo la secundé, recogimos firmas y la dirigimos al director de la escuela, pasando una copia a todos los profesores que de una u otra forma estaban involucrados en ella. Era julio, el director nos recibió y pudimos leerla con él, que nos dijo que le parecía una queja perfectamente válida, nos preguntó, que si todo aquello era cierto, por qué él no había tenido constancia nunca antes. Tanto alumnos con algunos profesores, conscientes del problema, nos dijeron también que “ya era hora de que alguien dijera algo”.

Primer problema: no intentamos poner solución a lo que nos ocurre como estudiantes.

Aunque la carta causó mucho revuelo, el director nos dijo que no era momento, que nos llamaría de cara al curso siguiente.

  • Ya verás, Marta, que aquí se queda.

Sin embargo, aunque por un método no ortodoxo, habíamos sido capaces de llegar a la persona, de discutir con ella nuestros problemas y solicitudes y para mi sorpresa, el director nos escribió a principios de este curso porque iba a reunirse con todos los profesores involucrados en nuestra titulación, desde que se creó el Grado en 2010 no había vuelto a sentarse para debatir. Quería que nosotras también pudiéramos exponer nuestro punto de vista a todos ellos en reuniones posteriores. ¿Qué hicimos entonces? ¿Esperar a que nos llame?

  • Oye Marta, habría que ir preparando la reunión para cuando nos llamen.
  • Oye Myriam, ¿y si pasamos encuestas?

Segundo problema: una vez hecho llegar el problema, dejar de estar alerta.

El director nos aconsejó también que, para proponer lo que quisiéramos, utilizáramos Delegación de Alumnos, y así hacerlo más oficial.

  • ¿Delegación de Alumnos? ¿Eso no es lo de los objetos perdidos y donde pedir las taquillas? ¿Eso sirve para algo?
  • Preguntemos.

Tercer problema: no conocemos para qué sirve la Representación de Alumnos, en muchos casos ésta está politizada dejando de representarlos.

Allí nos encontramos con Ricardo, el Delegado de Alumnos, conocía la carta y, tras hablar él mismo con el director nos explicó los caminos institucionales que debíamos seguir para conseguirlo: Comisiones de Coordinación de los Semestres.

En este proceso se nos unió otro compañero, Pablo, y nos pusimos en marcha. Para nuestra sorpresa, estas “comisiones” nadie conocía su utilidad entre el profesorado, de hecho, como el objetivo último es escribir un informe de evaluación, cada profesor pasaba la información correspondiente a su asignatura por email y el presidente de la comisión lo juntaba todo en el informe. Si las comisiones no se celebraban, el papel del alumno representante era nulo y no se le avisaba puesto que no tenía nada que aportar ni sobre lo que objetar. Encontramos muchas objeciones a cambiar esta forma de actuar y nos sentimos timados ¿cómo iba a ser el camino un organismo que ni siquiera se reúne en la actualidad?

  • No lo hacen porque nunca se ha sabido para qué sirve, pero es el lugar en el que se deben hablar todas estas cosas y en el que quedan reflejadas todas las propuestas – nos dijo el director cuando volvimos a reunirnos con él. Nos enseñó todo el flujo de la información universitaria – Los profesores están obligados a contar con el alumno en esas comisiones, tienen que reunirse con vosotros.
  • Vale, hasta ahora no han servido ¿y si a partir de ahora tienen sentido? Es una buena forma de darle uso y validez a un informe inservible – argumentó un profesor a nuestro favor.

Cuarto problema: los organismos administrativos no funcionan, cuando los descubres pierdes toda la esperanza.

Nos propusimos hacer útil la institución, lo importante no es que el papel lo reciba la gente, si no que las palabras las escuchen las personas. Y así empezamos con la Comisión del 6º Semestre de nuestro grado, para la que pedimos ayuda y opiniones a compañeros de clase que nos ayudaron a redactar los informes correspondientes, siempre con una actitud clara: no la queja, nunca la queja, sí la detección de problemas y la petición de mejoras, el consenso de mejoras, desde el respeto por encima de todo a esas personas que son profesores y conocen más que tú lo que hacen, pero que hasta ahora no habían tenido (ni buscado) ningún tipo de feedback a su actividad.

Quinto problema: exigimos como si tuviéramos la verdad absoluta, no buscamos el diálogo ni la negociación, no colaboramos profesores y alumnos porque nos vemos como enemigos, no sabemos que formamos parte por igual de la “comunidad educativa”.

Aquello fue en diciembre. Este sexto semestre incorpora ligeros cambios que se hablaron en dicha comisión.

A día de hoy, nos hemos reunido también con las Comisiones del 3er y 5º Semestre, cuyas reuniones fueron también satisfactorias y de las que hemos sacado reuniones más pequeñas con profesores que quieren más información, mejores propuestas y en definitiva más feedback.

Sexto problema: pensar que un papel tiene más validez que hablar con alguien cuando ambos son necesarios.

Ahora, Marta y Pablo se han ido de Erasmus, quedo yo, que Ricardo me ha nombrado Subdelegada de Calidad de la Escuela. Mi equipo y yo vamos a dedicarnos estos meses a terminar de evaluar mi titulación y ver qué problemas hay en las demás. Como llevo diciendo, yo, no confío en grandes cambios, pero sí en personas, que con su pequeño poder, son capaces de opinar, de mejorar, de hacer y de cambiar.

(Continuará…)

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s