Quiero ser infeliz (de vez en cuando).

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El ser humano está obsesionado con la felicidad. Es posiblemente la palabra a la que más importancia le damos de todo nuestro vocabulario, nos ponemos serios cuando la pensamos, nos preguntamos gravemente: “y yo ¿soy feliz?”, nos obligamos a poner buena cara, nos jactamos en redes sociales de lo felices que somos -sí, hemos llegado a eso: a jactarnos-, nos pasamos notitas en las que pone “smile” o frases motivadoras, nos socializamos, nos compramos cosas, hacemos viajes muy caros, compramos móviles muy caros también y todo porque nos han vendido que el objetivo de nuestra vida es ser feliz. Y como vivimos en el siglo de la imagen además tenemos que demostrarlo.

Nos hemos vendido -¿o tal vez comprado?- a nosotros mismos que el sentido de nuestra vida es ser felices, en una sociedad acomodada y sin valores ya no tenemos que luchar por la supervivencia ni contamos con dioses que nos dicten normas que pongan por encima el honor o la entrega. Por eso nos hemos lanzado de cabeza: ¿cuál es la mejor sensación humana? La plenitud de la alegría. Ale, ya está, vamos a grabarlo en todas las frentes.

No, no, no. Fatal. ¿No habéis oído eso de que la felicidad no es una meta sino un camino?

Menos felicidad en fotos y más dignidad. Menos apariencia y más mentes despiertas. Hemos confundido conceptos. Nos hemos escrito en la frente un objetivo abstracto y vamos dando tumbos buscándolo ¿dónde estará mi felicidad escondida? Pero la felicidad no puede elegirse como no puede elegirse el amor: amas y ya está, estas contento y ya está.

Creo que el objetivo de toda persona debería ser su propia dignidad. Ser auténtico consigo mismo y con los demás, conocerse, saber qué quiere uno de su existencia, que siente, qué opina y cuáles son sus valores. El siguiente paso sería vivir acorde a todo eso. Habrá momentos felices y momentos que no, se darán grandes pasos y se retrocederá de vez en cuando, puede incluso que se viva en un abanico de sensaciones y emociones: miedo, alegría, pasión, caos…

Creo que el ser humano tiene que recuperar su dignidad y entenderse más. Creo que la sociedad debe empezar a ver con buenos ojos la autenticidad -en algunos aspectos ya lo hace-, los detalles, lo simple, los caminos únicos. Creo que lo más importante para el ser humano es estar orgulloso de si mismo.

Al hacer balance entonces de una vida auténtica no podremos sino sonreír de orgullo mientras recordemos todo lo que luchamos, todo lo que vivimos, todo lo que logramos.

Vivimos en una sociedad de Carpe Diem, no estoy en contra de eso, sólo pido que no sea un Carpe Diem de felicidad obligada si no un vivir cada momento hasta el fondo y sólo si es acorde con nosotros mismos, de la pasión al desgarro.

Porque esto de va de contrarios, de equilibrios, de yin y yans. Y si no somos capaces de morir de vez en cuando nunca sabremos cómo es eso de sentir la vida.

Pd: reflexión tras leer un Mundo Feliz. Lo recomiendo encarecidamente.

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