Querida Europa: se nos ha ido la universalidad de las manos

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Ayer encontré un libro en la biblioteca del padre de un amigo que me tuvo entretenida toda la tarde. El libro se llama Cien preguntas sobre el Islam y su autor es Samir Khalil Samir. Me llamó la atención en concreto un capítulo en el que hablaba sobre los derechos humanos y cuestionaba el carácter universal de la Declaración de los Derechos Humanos de la ONU. ¿Cómo es posible? Descubrí que en el Islam todo derecho de la humanidad viene dado por un único deber que es cumplir la ley islámica, la shariá, sólo Dios puede otorgar los derechos al hombre, y que ellos habían promulgado su propia declaración de los Derechos del Cairo en la que exponían su visión cultural de los mismos. Una declaración claramente machista y en la que está prohibida, por ejemplo, la liberta de expresión.

Refugiados, ISIS, yihad, inmolación,… Son palabras a las que nos están acostumbrado cada vez más los medios de comunicación, todos opinamos en estos días sobre los musulmanes, hay quien quiere prohibirles la entrada en su país, quienes confían en el entendimiento de culturas y quienes temen que Occidente y sus libertades les estén dando las armas para conquistarnos. Parece que todo se divide en si todos son radicales o si sólo es una minoría. Si hay que tener miedo a todos los que se declaren musulmanes o no.

Pienso que se nos ha ido la universalidad de las manos porque desde tiempos inmemoriales Europa se ha creído la dueña de la bola del mundo, ha partido y repartido, ha crecido, luchado, evolucionado. Europa es un ser humano formado por millones de ellos que ha aprendido de sí misma, ha acogido imperios, civilizaciones, revoluciones, filosofías, religiones y morales que la han llevado a ser el conjunto de estados que es ahora. Y como buena dueña y sabia, alfabetizó, inventó la racionalidad y la universalidad pero se olvidó de las culturas.

Si no entendemos lo que ocurre en el norte de África es porque no entendemos que la verdad propia está sujeta a la cultura propia. ¿Cómo se puede afirmar que la mujer es únicamente necesaria para la reproducción? Porque estamos en otro tiempo, en otro contexto, en otro mundo, porque lo que ocurre en la otra orilla del mediterráneo y su historia no es la misma que la nuestra. Para los radicales del Islam somos un cáncer porque nos fiamos más de nosotros mismos que de un libro escrito por Dios, tienen el deber de castigarnos y lo harán con el orgullo de saber que hacen lo correcto.

“Al mundo árabe le falta una Ilustración”, “la primavera árabe”, comentábamos en clase de filosofía hace algunos años, pero ¿recordáis lo que estudiamos en historia y literatura? La Ilustración no vino de fuera, surgió dentro y se extendió a aquellos que tenían la oportunidad cultural de entenderla y aceptarla. Se evolucionó. Lo que no puede hacer Europa es imponer una evolución desde fuera, sería como decirle a tu pareja: cariño, no eres suficiente, cambia. Tu pareja te mandaría a freír espárragos de una manera menos sutil. Es eso lo que esta ocurriendo con nosotros.

El mundo musulmán nos manda a freír espárragos. Está harto de que cambiemos a sus gobernadores, que decidamos por ellos, que impongamos lo que está bien, que seamos los sabios, los dueños, los que tienen el conocimiento, la moral y la verdad, harto de que seamos perfectos y lo sepamos todo, harto de queramos universalizar una moral, de que queramos cambiarlo todo para que se parezca a nosotros, harto de debernos un entendimiento y una paz ficticia e impuesta. Todo pensamiento radical se aprovecha del hartazgo.

¿Y que ocurre con aquellos que viven en nuestro marco jurídico pero no se sienten parte de nuestra historia? Se produce un choque cultural muy fuerte. Aquí tienen derechos y libertades que no les proporcionan sus creencias, aquí tienen acceso a nuestra educación, a nuestra forma de ver las cosas, a nuestra diversidad y nuestra moral racional, y puede que les guste. Puede que quieran hacer suyos algunos de nuestros valores, pueden que hagan una mezcla que mejore nuestro sistema -ellos tienen una cultura más enfocada en la comunidad que nosotros, puede que nos viniera bien un poco menos de individualismo- pero eso sólo ocurrirá si los dejamos tranquilos. Si les enseñamos lo que somos -distintos, igual que los orientales lo son- y les dejamos que entiendan, que elijan. Si ellos quieren, si se dejan porque no nos ven como un enemigo sino como un amigo.

No podemos ponernos a sus pies al grito de “todo sea por la libertad de expresión”, -Voltaire también tenía una historia y un contexto- tenemos que defender lo que somos y la cultura que hemos creado, tenemos que defender de dónde venimos y a dónde vamos porque eso es lo que nos define. Tenemos que enseñar lo bueno que tenemos y ofertarlo, ofrecerlo. Cambiaremos y evolucionaremos si lo vemos necesario pero no por imposición. Tenemos que dejar de ser el padre que lo sabe todo y pasar a ser el compañero.

Un compañero que escucha, ayuda, enseña, aprende y lucha porque los demás encuentren su mejor camino. Un compañero que define su camino y defiende por encima de todo su propia integridad. Nuestra integridad.

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