Cada mañana y frente al espejo del alma

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Sonrío mucho cuando mis ojos se posan sobre el cariño.

Hoy he visto a una pareja besarse levemente en el metro. Jóvenes pero mayores que yo, a él le veía la cara, sonriente, dulce, ella estaba de espaldas a mí. Se iban de viaje he supuesto, cada uno tenía una maleta igual de grande, él llevaba un jersey y un vaquero; ella unos botines de tacón, una camiseta ajustada, un pantalón de pitillo, un abrigo largo desabrochado, un colgante, dos pulseras, un par de anillos, las uñas pintadas de granate no demasiado largas y bien cuidadas, la cara maquillada y el pelo corto, tintado con mechas rubias.

– Jo – me ha dado por pensar – cuánto se nos exige a las mujeres.

Y no quiero que nadie me malinterprete porque cada una tiene su forma propia de verse guapa pero sí creo que la mujer parece no librarse nunca de los ojos de los demás, parece que con cada derecho que conquistamos conseguimos una obligación añadida. Tenemos que ser madres y trabajadoras; que adelgazar, pero tampoco demasiado; tener un tamaño de pecho pero sin pasarse; medir tanto de alto y como mucho tanto de cintura, tenemos que caber en la talla estándar de Mango sin ser Violeta y además comprar allí, nada de desigual localcoño; tenemos que ir siempre a punto, maquilladas, con pintalabios, rímel y antiojeras, pero que no se note demasiado, que la raya de los polvos no se vea en el cuello, que no estamos lo suficiente morenas, que está feo. Y tenemos que viajar mucho en verano, no ser demasiado recatadas pero tampoco irnos al cuello de cualquiera, o sí, pero sin que te vean. Publicar una buena media de fotos en Instagram pero sin pasarse quenoqueremossabertuvida.

Yo a veces pienso que somos unas cracks, que además de todo eso menstruamos una vez al mes y tenemos una cabeza llena de cables y sentimientos encontrados que a más de una no nos deja dormir de vez en cuando.

Otras lo mandaba todo a tomar por saco (os mandaba) y me quedaba leyendo este texto de La Oreja de Van Gogh que siempre me ha encantado:

GUAPA es la historia de quien no se da por vencido en el maravilloso viaje de encontrarse a uno mismo, de quien acepta cumplir años y seguir teniendo miedos, de quien llena la almohada de inseguridades pero al levantarse siempre hace la cama, de quien sonríe de verdad y como antes: sin darse cuenta, de quien consigue que lo que quiere y lo que le apetece hagan las paces, de quien hace del tiempo un aliado sigiloso que, cada mañana y frente al espejo del alma, le hará sentirse cada vez un poco más GUAPA.

La belleza reside en ser uno mismo, bifurca el camino de la sociedad y sé. Yo invito.

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