Nunca olvides quién te ayudó, quién estuvo contigo, quién te enseñó.

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Me ha dado por correr.

Yo siempre he sido una persona de esas a las que les gusta lo que hacen en cada momento y no quieren adelantarse, de esas que observan, pasean y adoran los cambios paulatinos.
De esas que disfrutan el aquí y el ahora porque saben que es lo único que existe y lo más valioso: quién eres, dónde estás, porqué.

He sido una persona adicta a las preguntas difíciles y las respuestas que te enriquecen o te rompen los esquemas. He sido fan de la cadencia, del ritmo, de la soledad en porciones limitadas, de las pausas necesarias, de la arritmia. Me he enamorado con el paso de los días de las personas, de las experiencias. Me he metido a fondo en el presente y lo he engrandecido, estirado, le he pedido todo aquello que ni el pasado ni el futuro podían darme, el carpe diem, y me lo ha concedido.

Pero ahora no, ahora me ha dado por correr.

Ahora no quiero estar aquí, ser aquí, quiero vivir un paso por delante, cumplir lo que de mí se espera rápido, que pasen los días y no hacer esto, hacer lo otro, lo que es más difícil pero está más lejos, sí, eso que está allí en el futuro esperando llegar al presente en un capullo de mariposa, y yo sólo quiero abrazarlo con todas mis fuerzas y forzar su primavera. Que se derrita ya el invierno que aún no ha llegado, que me salgan las arrugas y surja la experiencia, ya, ahora.

Entonces, llegan los días de pasado que todo el mundo tiene, esos domingos lluviosos de manta y lo que surja pero en casa, de ver fotos, revisar emails, acordarse de antiguos amigos, de aquellos conocidos, de la familia de la alegría. Son días en los que uno sólo piensa “qué bien se estaba allí” y olvida lo malo, los agobios, los dolores. Entonces yo, que me ha dado por correr, echo el freno a mi presente y le susurro que si corro no hago recuerdos, no hago caminos, no invierto, no vivo. Y se calma: uff, respira.

Sois vosotros los culpables, los que habéis estado conmigo, a los que deberían cantaros cada día la sonata del agradecimiento por haber formado otras vidas, por haber formado parte de ellas. Quien saluda, acompaña y pregunta. Sois vosotros, mis personas, mi pop.

Quien me recuerda que no hay música sin silencio.

Que no hay futuro ni pasado, sin presente.

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